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Cuidar la ciudad es cuidarnos: espacios públicos y salud mental

Cuidar la ciudad es cuidarnos: espacios públicos y salud mental

Por Nicolás Santana Ulloa, psicólogo organizacional.

Hablar de salud mental suele llevarnos, casi automáticamente, al mundo interior: pensamientos, emociones, historias personales. Sin embargo, cada vez resulta más evidente que el bienestar psicológico no se construye solo desde adentro, sino también desde el entorno que habitamos.

Desde la neurociencia sabemos que el contacto con espacios abiertos y áreas verdes reduce la activación de los circuitos del estrés en el cerebro y favorece estados de calma, bienestar y conexión social. Caminar por una plaza, mirar el mar o sentarse a observar el entorno activa el sistema nervioso parasimpático, favoreciendo la relajación y el descanso.

En Puerto Montt, espacios como el Parque Costanera o el Parque Luis Ebel cumplen hoy un rol clave en este sentido. No son solo infraestructura urbana: son lugares de encuentro, pausa y pertenencia. El Parque Costanera, en particular, se ha transformado en un punto de convivencia intergeneracional que invita al movimiento, a la interacción social, al descanso y al contacto con el paisaje, elementos fundamentales para la salud mental colectiva.

Este enfoque se refuerza con una señal importante: en enero de 2026, Puerto Montt se adhirió a la red internacional BiodiverCiudades, en el marco del Foro Económico Internacional América Latina y el Caribe organizado por el Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe (CAF) en Panamá. Esta red promueve ciudades que integran biodiversidad, naturaleza y planificación urbana como eje del desarrollo.

¿El impacto en salud mental? Directo. Las llamadas ciudades biodiversas aumentan el acceso a áreas verdes, mejoran la calidad del aire, reducen el ruido urbano y fortalecen el vínculo con la naturaleza, factores ampliamente asociados a menores niveles de ansiedad, depresión y estrés. Además, fomentan el sentido de pertenencia y la conexión con el territorio, elementos protectores clave para el bienestar psicológico.

Pero nada de esto funciona si los espacios no se cuidan. Por eso, las recientes sanciones aplicadas a personas que han rayado espacios públicos en Puerto Montt no son solo una medida punitiva, sino una señal cultural: lo que es de todos, se respeta. Un espacio deteriorado transmite abandono y genera inseguridad; uno bien cuidado, en cambio, fomenta el encuentro y la convivencia.

Este proceso no es casual ni improvisado. Responde a una decisión política clara de la actual administración municipal, liderada por el alcalde Rodrigo Wainraihgt, que ha situado la recuperación, mantención y promoción de los espacios públicos como una prioridad para la ciudad. Una apuesta que nos invita a ampliar la mirada y comprender que la salud mental no se juega únicamente dentro de un box clínico, sino también en la vereda, en la banca de una plaza o en el sendero que alguien recorre para despejar la mente después de un día difícil.

En definitiva, los espacios públicos no son un lujo ni un detalle urbano. Son una herramienta de cuidado colectivo. Cuando una ciudad invierte en ellos y los protege, está diciendo algo profundo: que el bienestar de sus habitantes importa.

Porque cuando la ciudad cuida, la mente —literalmente— respira mejor.

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