Tres cartas científicas publicadas en la revista Science refutan un estudio reciente que pretendía reinterpretar la cronología de Monte Verde. Los investigadores ratificaron que el sitio mantiene su antigüedad de 14.500 años basada en evidencia arqueológica, geológica y genética.
La comunidad científica internacional ha respondido con firmeza a las tesis de Todd Surovell y César Méndez. Expertos de universidades de Estados Unidos y Europa demostraron que el estudio previo contenía errores fundamentales de interpretación sobre la formación del yacimiento.
Tom D. Dillehay, investigador principal de Monte Verde, señaló que el estudio cuestionado se basó en afloramientos distantes al sitio original. Según el arqueólogo, no se realizaron excavaciones directas ni se analizó la estratigrafía completa del yacimiento principal.
Uno de los puntos críticos fue la supuesta identificación de la Tefra Lepué. Los equipos de respuesta sostienen que los autores confundieron depósitos sedimentarios con material volcánico. El científico Michael R. Waters indicó que los análisis geoquímicos no respaldan la tesis de los críticos.
La integridad de los hallazgos, como huellas humanas, fogones y estructuras de madera, descarta una redeposición fluvial. Las dataciones por luminiscencia (OSL) confirman que la superficie de ocupación ya existía hace más de 14.000 años, durante el Pleistoceno tardío.
Finalmente, David J. Meltzer aportó evidencia paleogenómica que respalda una dispersión humana temprana en Sudamérica. Los datos genéticos actuales sitúan la divergencia de poblaciones hace 15.700 años, lo que hace de Monte Verde un pilar coherente del poblamiento americano.

