Respetemos nuestras tradiciones

Por Paulo Vargas Almonacid, Periodista y documentalista calbucano

Cada 28 de septiembre, el archipiélago de Calbuco se ilumina. Vecinos de sectores urbanos y rurales encienden luminarias y adornan sus casas con faroles y velas, en vísperas del onomástico del santo patrono de Calbuco: San Miguel Arcángel.

No existe consenso respecto del origen de esta festividad. La versión más aceptada señala que estaría vinculada al levantamiento indígena de Chiloé y Calbuco de 1712. Es decir, estamos hablando de una tradición que sobrepasa los tres siglos de historia.

De niño recuerdo que, con la llegada de septiembre, nos organizábamos con los vecinos del barrio para comenzar la recolección de colihue. En la escuela confeccionábamos nuestros propios faroles y eran nuestros profesores quienes nos transmitían esta tradición.

Año tras año, desde tiempos inmemoriales, el ritual se repetía. Hasta hace dos años.

La nueva administración municipal incorporó más actividades y extendió los días de celebración. Y no se trata de decir que esas nuevas expresiones culturales estén mal. Hemos visto comparsas muy buenas, batucadas espectaculares y un festival gastronómico de muy buena factura. Además, estas actividades pueden contribuir a dinamizar el turismo y la economía local, generando oportunidades para nuestros emprendedores. Nadie podría oponerse a eso.

El punto es otro: cada expresión debe tener su espacio.

En Calbuco, por ejemplo, históricamente se ha celebrado la Fiesta de la Primavera. Hay espacio para incorporar nuevas actividades y expresiones culturales sin desplazar aquello que nos identifica y que hemos heredado de nuestros antepasados.

Así llegamos a la celebración de este año: cuatro días de actividades, muchas de ellas alejadas de nuestras tradiciones, mientras que el día central de la festividad, las luminarias, la procesión y nuestros tesoros humanos vivos parecen quedar relegados a un espacio menor.

Cabe preguntarse: ¿la administración actual conoce y comprende el valor de las tradiciones de Calbuco? ¿Estamos poniendo por delante la farándula y el aplauso fácil por sobre aquello que nos hace únicos?

¿Queremos terminar convirtiendo a Calbuco en una especie de Puerto Varas de Temu?

Las luminarias no son simplemente una actividad más dentro de un programa municipal. Son parte de nuestra identidad. Nos diferencian de otras comunidades y nos conectan con una historia que se remonta por más de tres siglos.

Podemos abrirnos a nuevas expresiones, promover el turismo y generar espacios para nuestros emprendedores. Pero hagámoslo sin desplazar aquello que nos pertenece.

Las luminarias son nuestras.

Cuidémoslas. Respetémoslas. Y, sobre todo, transmitámoslas a las nuevas generaciones

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