Animales, personas y clima: una misma emergencia

Por Natalia Urzúa Pizarro, jefa de carrera de Medicina Veterinaria de la Universidad Santo Tomás Puerto Montt.

Las imágenes del aluvión en Las Condes y de la tormenta de granizo que obligó a decretar alerta roja en Santiago parecen lejanas desde el sur, pero no lo son. Los Lagos se mantiene en alerta temprana preventiva por sistemas frontales y tormentas eléctricas desde fines de septiembre, y la Organización Meteorológica Mundial advierte que el fenómeno “El Niño” podría ser uno de los más intensos desde 1950, con su peak hacia diciembre y un verano más cálido de lo habitual.

En esas mismas emergencias hubo otras víctimas, menos visibles. En Las Condes, dos perros murieron electrocutados entre el barro y los cables caídos, y vecinos entraron por segundos pisos para rescatar mascotas atrapadas. El perro Morocho, un perro callejero fue rescatado recién al quinto intento en la crecida del rio Mapocho. No son anécdotas: muestran que, en cada desastre, los animales están presentes y casi nunca en nuestros planes.

Lo que les ocurre a ellos termina alcanzándonos. Cerca del 60% de las enfermedades infecciosas emergentes en humanos tiene origen animal. El agua estancada favorece la leptospirosis, que circula entre roedores, perros, bovinos y personas. La mayor disponibilidad de alimento para roedores silvestres eleva el riesgo de hantavirus, una amenaza conocida en nuestras zonas rurales. Las inundaciones dejan planteles lecheros sin forraje ni agua segura, y el calor posterior genera estrés térmico, baja productividad y riesgos para la inocuidad de los alimentos.

En Los Lagos, además, el primer aviso suele venir del mar. Durante el último gran “El Niño”, en 2016, una floración de algas nocivas mató cerca de 25 millones de salmones en el seno de Reloncaví y el norte de Chiloé, y meses después la marea roja obligó a cerrar la extracción de mariscos para proteger la salud de las personas. Hoy los especialistas vuelven a calificar de elevado el riesgo de floraciones para la temporada 2026–2027.

¿Cómo prepararnos? En el hogar, con un kit para cada mascota que incluya agua, alimento, medicamentos, identificación, correa o transportadora y vacunas al día, además de un plan claro de evacuación. Si un animal estuvo expuesto a barro o agua de inundación, debe ser evaluado por un médico veterinario, aunque se vea bien. En el campo, resguardando forraje y agua, definiendo zonas altas para el ganado y reforzando los planes sanitarios. Ante fauna silvestre herida o varada, no manipularla y avisar a la autoridad competente.

Pero la preparación individual no basta. Los planes comunales de emergencia deben contemplar albergues que acepten mascotas, catastros de animales en zonas de riesgo y la participación de equipos veterinarios desde el inicio. Ese es el enfoque Una Salud: la salud de las personas, los animales y el ambiente es una sola, y una región que vive del mar, la leche y el campo no puede seguir reaccionando solo cuando la emergencia ya ocurrió. Prevenir no es anticipar un gasto, sino anticiparse al problema. Porque actuar a tiempo comienza mucho antes de que sea urgente.

Slide