Los cuidados del sacristán

Por Rabindranath Quinteros Lara

Hoy más que nunca, la sociedad entera exige transparencia y claridad a sus autoridades nacionales, regionales y locales, tanto en las conductas personales -por eso ya se discute con mayor seriedad la toma de exámenes de drogas- como en las decisiones institucionales, especialmente aquellas que involucran grandes sumas de dinero.

Las licitaciones por servicios a la comunidad deben ser minuciosamente examinadas de manera que, en su ejecución, queden libres de cualquier cuestionamiento. De lo contrario aparecen las dudas ¿Cómo le explica el municipio de Puerto Montt a la comunidad que decidió adjudicar el servicio de cuidado de áreas verdes a la oferta más elevada, a pesar de las observaciones planteadas durante el proceso de licitación?

El mayor gasto que acarrea esta decisión, unos 2 mil 500 millones de pesos, podría perfectamente financiar las necesarias reparaciones de Angelmó, del Mercado Pdte. Ibáñez o de la propia Arena Puerto Montt.

¿Resultaría mas conveniente declarar desierta la licitación y realizar una nueva, libre de suspicacias, y procurando no generar mayores gastos? Probablemente sí. Se pierde tiempo, pero se gana en transparencia.

En la historia reciente, fuimos testigos de errores e irregularidades propiciadas por el abuso de poder. Hoy varios de los que promovieron esas prácticas están sentados ante la justicia. Era necesario terminar con esas conductas, pero eso no significa partir de una hoja en blanco. Cada administración recibe programas en marcha, equipos formados, compromisos adquiridos. Descartarlos solo por venir del signo político contrario reduce la gestión a la trinchera política, debilita al servicio público y afecta a la ciudadanía, que pierde beneficios y arriesga derechos.

Esos son, precisamente, los aspectos a tener en cuenta para garantizar una gestión valorada por la comunidad.

He conversado al menos dos veces con el alcalde sobre el futuro de Puerto Montt, sus desafíos y proyecciones, acerca del rol que en este proceso le corresponde a la gestión municipal y respecto de la mejor manera de gestionar el porvenir de la comuna sin que sea necesario hacer tabla rasa con el pasado. No tengo dudas de su voluntad personal por sacar adelante a la comuna, pero es necesario evitar, como dice el conocido refrán, que ”los cuidados del sacristán terminen matando al señor cura».

Conviene, entonces, ser precavido frente a las acciones de terceros que -dentro del propio municipio- promueven medidas que, lejos de aportar a la eficiencia, terminan generando problemas donde no los había.

Un municipio es una institución al servicio de todos los vecinos, gobierne quien gobierne. Y gobernar bien exige la templanza para reconocer lo que funciona y debe continuar, para corregir lo que no funciona, para mejorar lo que es perfectible y para consolidar equipos de profesionales y funcionarios competentes, más allá de sus ideas o adhesiones individuales.

Por el bienestar de la comunidad y del municipio, es imprescindible no cometer, ni dejar cometer, los mismos errores de la administración anterior, errores que significaron un deterioro enorme para la convivencia interna y la eficiencia municipal. Puerto Montt ya pagó ese costo una vez. No tiene por qué volver a pagarlo.

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